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yamuel / Blog

La Disciplina

Hebreos 12 Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios. Considerad a aquel que sufrió tal contradicción de pecadores contra sí mismo, para que vuestro ánimo no se canse hasta desmayar. Porque aún no habéis resistido hasta la sangre, combatiendo contra el pecado; y habéis ya olvidado la exhortación que como a hijos se os dirige, diciendo: Hijo mío, no menosprecies la disciplina del Señor, Ni desmayes cuando eres reprendido por él; Porque el Señor al que ama, disciplina, Y azota a todo el que recibe por hijo. Si soportáis la disciplina, Dios os trata como a hijos; porque ¿qué hijo es aquel a quien el padre no disciplina? Pero si se os deja sin disciplina, de la cual todos han sido participantes, entonces sois bastardos, y no hijos. Por otra parte, tuvimos a nuestros padres terrenales que nos disciplinaban, y los venerábamos. ¿Por qué no obedeceremos mucho mejor al Padre de los espíritus, y viviremos? Y aquéllos, ciertamente por pocos días nos disciplinaban como a ellos les parecía, pero éste para lo que nos es provechoso, para que participemos de su santidad. Es verdad que ninguna disciplina al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza; pero después da fruto apacible de justicia a los que en ella han sido ejercitados. Por lo cual, levantad las manos caídas y las rodillas paralizadas; y haced sendas derechas para vuestros pies, para que lo cojo no se salga del camino, sino que sea sanado.

La vida cristiana implica arduo trabajo. Requiere poner a un lado todo lo que ponga en peligro nuestra relación con Dios, correr con paciencia y hacer frente a las tentaciones y a las tentaciones con el poder del Espíritu Santo. Si apartamos la mirada de Cristo, titubearemos. Debemos correr la carrera con Cristo, no la nuestra.

Cuando nos enfrentamos a situaciones difíciles o nos desalentamos, tendemos a perder la perspectiva en las cosas del Señor. Sin embargo, muchos han logrado vencer a lo largo de la vida, en forma constante y en circunstancias más difíciles de las que estamos experimentando. El sufrimiento, el padecer en las cosas del Señor nos capacitarán para alcanzar la madurez cristiana. Desarrolla nuestra paciencia y convierte en gozo las victorias bajo la voluntad de Jesucristo.

Sabemos que no es nada agradable ser corregido y disciplinado por Dios, pero su disciplina es el amor profundo que tiene hacia con nosotros. Cuando Dios corrija, tomémoslo como una prueba de amor y pídale que le muestre lo que está tratando de enseñarle.

Podemos responder a la disciplina de varias maneras: aceptarla con resignación, con compasión de sí mismo, pensando que en realidad no la necesitamos; resentirnos y ofendernos con Dios por eso o aceptarla con gratitud, como la actitud apropiada hacia un Padre amoroso.

Dios no es un sólo padre que disciplina sino también un instructor exigente que nos demanda a alcanzar lo máximo y tener una vida disciplinada. Aunque estemos caídos, sentiremos la capacidad para continuar a medida que caminemos con Cristo.

No debemos vivir solo con nuestras propias fuerzas. Otros seguirán nuestro ejemplo y tenemos la responsabilidad con ellos si afirmamos que vivimos por Cristo. ¿Su ejemplo ayuda a crecer a otros a crecer y seguir a Cristo, o quienes lo siguen terminan confundidos y extraviados?