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POMERAY / Blog

Quería ir a Marte en el cohete

Quería ir a Marte en el cohete. Bajó a la pista en las primeras horas de la mañana y a través de los alambres les dijo a gritos a los hombres uniformados que quería ir a Marte. Les dijo que pagaba impuestos, que se llamaba Pomeray y que tenía el derecho de ir a Marte. ¿No había nacido allí mismo en Bilbao? ¿no era un buen ciudadano? Entonces, ¿por qué no podía ir a Marte? Los amenazó con los puños y les dijo que quería irse de la Tierra; todas las personas con sentido común querían irse de la Tierra. Escaparían de las guerras, la censura, el estatismo, el control gubernamental de esto o aquello, del arte y de la ciencia. Lo sacaron de allí a rastras. Cerraron de un golpe la portezuela del coche policial y se lo llevaron al alba con la cara pegada a la ventanilla trasera. Poco antes de que la sirena del automóvil comenzara a sonar, al acercarse a una curva, vio el fuego rojo, y oyó el ruido terrible y sintió la trepidación con que el cohete plateado se elevó abandonándolo en una ordinaria mañana de lunes en el ordinario planeta Tierra...

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Los hombres de la Tierra llegaron a Marte. Llegaron porque tenían miedo o porque no lo tenían, porque eran felices o desdichados, porque se sentían como los Peregrinos, o porque no se sentían como los Peregrinos. Cada uno de ellos tenía una razón diferente. Abandonaban mujeres odiosas, trabajos odiosos o ciudades odiosas; venían con sueños ridículos, con sueños nobles o sin sueños,... y los hombres se lanzaban al espacio. Al principio solo unos pocos, unas docenas, porque casi todos se sentían enfermos aun antes que el cohete dejara la Tierra. Y a esa enfermedad la llamaban la soledad, porque cuando uno ve que su casa se reduce hasta tener el tamaño de un puño, de una nuez, de una cabeza de alfiler, y luego desaparece detrás de una estela de fuego, uno siente que nunca ha nacido, que no hay ciudades, que uno no está en ninguna parte, y solo hay espacio alrededor, sin nada familiar, solo hombres extraños. No era raro, por lo tanto, que los primeros hombres fueran pocos. Crecieron y crecieron en número hasta superar a los hombres que ya se encontraban en Marte. Los números eran alentadores. Pero los primeros solitarios no tuvieron ese consuelo.

Basado en "Crónicas Marcianas" Ray Bradbury.

En cuestión de segundos...

En cuestión de segundos, sin previo aviso y sin saber porqué, nos hallamos a cientos de años luz, en otra galaxia, en otro planeta. No es nada fácil ganarse la vida en el espacio. Aparcar bicicletas fue el comienzo y una constante después. Años más tarde nos hicimos con una nave y entre estrellas fugaces y tormentas estelares regresamos con la encomienda de llevar las esperanzas y tristezas de los personajes que habitan el gran vacío. Ya en camino, adelantamos una de estas canciones grabadas en nuestra nave con los medios que nos proporciona la basura estelar. Las Visiones de Cody se quedaron y regresan Los Aparcabicis del Espacio cio cio cio.

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